Tulum noticias

t'aano'ob

Cultural

México analiza cómo transformar la educación

El contexto de la pospandemia obliga a replantear el sistema educativo para adecuarlo a los nuevos tiempos

El pasado 3 de octubre se cumplieron 101 años de la fundación de la Secretaría de Educación Pública (SEP), pero al parecer fue una fecha que paso inadvertida para el grueso de los actores educativos. No hubo mensajes, conmemoraciones, ni mucho menos celebraciones.

¿Acaso no hay nada que celebrar? Al parecer de quien escribe no tenemos casi nada que festejar, pero sí mucho que reflexionar, repensar y más aún por hacer.

Por ello, muy particularmente celebro que hace algunos días, el Senador Israel Zamora Guzmán, haya organizado el Foro Educativo Transformar la educación para los nuevos tiempos, evento en que tuve oportunidad de disertar junto con los doctores Arturo Vázquez Rangel y Claudia Amanda Juárez Romero.

A dicho evento se dieron cita docentes de educación básica y superior, académicos, funcionarios, investigadores educativos, estudiantes y profesores de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros y de escuelas secundarias, entre muchos otros; mismos que abarrotaron el auditorio Octavio Paz del Senado de la República, para escuchar las reflexiones sobre el devenir que la educación en México debería de realizar en diferentes rubros.

En el inicio de los trabajos, el senador Zamora Guzmán dio la bienvenida, contextualizando y reconociendo lo realizado por el sistema educativo desde su fundación, además de compartir su propia experiencia formativa y destacando la importancia de que la educación en la vida de las personas, hace trascender a quienes hacen vida en el mundo educativo, sea como estudiantes o como docentes, pero reconociendo que la educación es el camino para materializar los sueños de los individuos y de la sociedad.

Como estudioso de los temas educativos en nuestra nación, puedo mencionar que fue un excelente espacio para reflexionar sobre algunas temáticas, dimensiones y subsistemas en que se considera necesario y oportuno hacer ajustes para mejorar el quehacer, servicio y fines de la educación en México, que como lo he escrito en otros espacios, la educación tiene el único fin que formar mejores individuos para conformar mejores sociedades.

Es por ello que, me permito compartir en este espacio, algunas de las conclusiones que se vertieron durante el foro, para dar difusión de lo que a nuestro parecer se debe considerar para transformar la educación para los nuevos tiempos.

1. A partir de los sucesos históricos vividos en el sistema educativo, se debe aprender y tomar lo que mejor convenga a los tiempos actuales. Los maestros han sido pieza clave en la historia de la conformación social y la nueva escuela mexicana se debe construir desde la base y con los maestros, para dar el perfil necesario y apegado a la realidad que demanda el nuevo proyecto educativo.

2. La formación docente se debe adoptar como un compromiso de Estado, fomentando ante todo el trabajo en equipo, en redes y colaborativo, partiendo del diseño curricular y brindando las herramientas y conocimientos que los docentes requieren para los nuevos tiempos de la era digital.

3. Los docentes deben aprender a transformarse a partir del nuevo marco social y de la pregunta, ¿qué conocimiento social requieren los docentes ante la era pospandemia?

4. Es necesaria la reestructuración, fortalecimiento y apoyo a las escuelas formadoras de docentes, sobre todo a las de educación normal. Para ello se debe trabajar conjuntamente en lo que permita pensar en transformaciones colectivas, con modelos equitativos y sostenibles. Formar para los tiempos y contextos poscovid.

5. Se debe considerar que, si las revoluciones tecnológicas han estado siempre presentes, conformando nuevos paradigmas y sentidos de vida en la sociedad, entonces, enseñar sobre tecnología a los niños y jóvenes, es y será siempre una gran estrategia e inversión para pensar en posicionar a nuestra nación como potencia económica, en el entendido de que estamos en medio de una nueva revolución tecnológica-industrial, en medio de la era digital y rodeados de tecnología por doquier.

6. Hablando de la educación básica y particularmente del nivel secundario y a partir de los cuatro subsistemas existentes (secundarias generales, telesecundarias, secundarias para trabajadores y secundarias técnicas), el que se centra y le da más énfasis al enfoque tecnológico es el de secundarias técnicas por lo que es el modelo más acorde y oportuno para los nuevos tiempos tecnológicos que la sociedad ha comenzado a vivir, por lo que debe replicarse en todos los subsistemas de educación secundaria, es decir, se debe unificar y transformar al subsistema de educación secundaria en secundarias tecnológicas.

7. El enfoque de enseñanza tecnológica en educación básica debe de promoverse e impulsarse con mayor fuerza, dado que únicamente se imparten ocho horas a la semana en las secundarias técnicas y solamente tres horas semanales en secundarias generales y en telesecundaria, por lo que el modelo de secundarias técnicas debe reconocerse y replicarse en los demás subsistemas, lo que sería una de las mejores decisiones que se pudieran hacer para la educación básica a fin de comenzar a formar jóvenes con pensamiento tecnológico, innovador y creativo que revolucionen el devenir de nuestra nación.

8. En las escuelas secundarias técnicas no debe desaparecer ningún taller o actividad tecnológica de las que aún se imparten en cada escuela secundaria, por el contrario, se debe invertir y dotar de tecnología a cada énfasis tecnológico, creando incluso y en la medida de las posibilidades nuevos talles y oferta tecnológica, acorde a las nuevas necesidades de conocimientos que el mundo social, tecno-digital y laboral requiere.

9. A los estudiantes de educación secundaria técnica se les debe entregar un diploma por haber cursado la actividad tecnológica durante tres ciclos escolares, dado que es un patrimonio que debe reconocerse como se venía haciendo hace varios años. Este documento simbólico y motivante para todo estudiante no debe desaparecer.

10. Las escuelas públicas deben abrir sus puertas a la sociedad y a la comunidad, para dar respuesta al planteamiento que señala la ley general de educación y el programa sectorial de educación 2021-2025, por ello, se propone que en las escuelas secundarias se continúen ofertando los cursos de formación tecnológica a personas con mayoría de edad, como sucedía hace algunos años.

Estas son solo algunas de las puntualizaciones que se manifestaron en el foro, sin embargo, siempre hay más por decir, reflexionar, hacer y construir. Sigamos trabajando en favor de una mejor educación en México.

DEJAR UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cultural

Los ataques de la Alemania nazi que llevaron a México a entrar en la Segunda Guerra Mundial hace 80 años (y el momento transformador que generó para el país)Pero el suceso a la postre también representaría un parteaguas de una época transformadora para la sociedad y economía mexicana. “Si algo cambió la cara de México en el siglo XX, fue la entrada a la Segunda Guerra Mundial”, le dice a BBC Mundo el historiador César Valdez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Y es que el hundimiento del Potrero del Llano -y otro buque más, el Faja de Oro, siete días después- llevaron al México de la preguerra, con un desarrollo lento, a industrializarse y sentar las bases de lo que hoy es un vigoroso intercambio económico con Estados Unidos. Una potencia con la que comparte frontera y que hasta ese entonces despertaba un gran sentimiento de antagonismo entre los mexicanos de la época. Los hundimientos México, al igual que muchos países de América Latina, se habían mantenido al margen de la Segunda Guerra Mundial desde que estalló el conflicto en septiembre de 1939. La postura entre los países de América Latina era de no intervención, aunque muchos gobiernos -entre ellos el mexicano- sí condenaron las invasiones de la Alemania nazi.La Alemania nazi de Adolf Hitler no mostró un plan claro para incluir a México en su bando, pero hubo algunos intentos de inteligencia. Pero el ataque de Japón a la base estadounidense de Pearl Harbor, en diciembre de 1941, cambió las cosas. Estados Unidos entró en la guerra y los países del continente comenzaron a enfrentar presiones para definirse. México, siendo el país a las puertas del territorio estadounidense, estaba en una posición compleja. “Estados Unidos hace un montón de informes de inteligencia y se los manda a México. Había nombres de empresarios, de políticos, de descendientes de alemanes”, señala Valdez. En esas circunstancias se dio el hundimiento de los buques petroleros mexicanos por parte de submarinos alemanes que ya tenían presencia en aguas cercanas a los países de América. El Faja de Oro sufrió una suerte similar al Potrero del Llano: el 20 de mayo, un submarino alemán U-106 hundió al barco en el estrecho de Florida y murieron 9 de los 37 tripulantes. “El hundimiento de los barcos mexicanos no es un caso aislado”, le explica a BBC Mundo el historiador Veremundo Carrillo-Reveles, del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). “Hay toda una estrategia por parte del ejército alemán por tratar de cortar todos los suministros que se están enviando, de petróleo y de otros productos básicos, hacia Inglaterra”, añade.Barcos de Argentina, Brasil, Cuba, Colombia y Venezuela también fueron hundidos en el Atlántico. La declaración de guerra Ante la nula respuesta alemana a la exigencia de compensación por parte de México, el gobierno de Manuel Ávila Camacho pidió al Congreso una declaración de guerra. “Se declara que, a partir del día 22 de mayo de 1942, existe un estado de guerra entre los Estados Unidos Mexicanos y Alemania, Italia y Japón”, establecía el documento. “El 13 de mayo el ataque vino. No decidido y franco, sino desleal, embozado y cobarde, asestado entre las tinieblas y con la confianza absoluta en la impunidad. Una semana más tarde se repitió el atentado frente a esta reiterada agresión, que vulnera todas las normas del derecho de gentes y que implica un ultraje sangriento para nuestra patria”, le dijo el presidente Ávila Camacho a la nación.En los hechos, el país no esperaba ni tenía capacidad de enviar una fuerza militar al frentede batalla en Europa, Asia o los océanos, pues el ejército mexicano en realidad era muy limitado. Había unos 50.000 efectivos que no conformaban brigadas ni divisiones, y la aviación contaba con solo 25 aviones, por lo que no había posibilidades de abrir una ofensiva. La defensa del país era igual de limitada. “El país no tenía fuerza antiaérea para repeler cualquier ataque del Pacífico”, señala Valdez, pues la principal preocupación del momento era la llegada de Japón a las costas mexicanas. Si bien para EE.UU. era bueno contar con México entre los aliados, la endeble posición militar del país se convirtió en una situación de cuidado.La declaracón de estado de guerra de México se conserva en el Archivo General de la Nación de México. “Para Estados Unidos esto es terrible, porque desconfían plenamente del gobierno mexicano y de su ejército. Entonces lo primero que comienzan a hacer es a sugerirle a México que transforme determinados rasgos de sus fuerzas armadas”, explica Valdez. A través de la Ley de Préstamos y Arrendamientos, EE.UU. empezó a ofrecer recursos económicos, provisiones militares y asistencia técnica para reforzar la posición de México. “México modifica totalmente su sistema de defensa, creando tres comandos: Pacífico, Golfo e Istmo. Teníamos cubierta la posible invasión japonesa por el Pacífico, resguardando el petróleo en el golfo de México, y el Istmo por la posible entrada por Centroamérica”, explica Valdez. Una lanzadera de desarrollo Además del mejoramiento militar, México vivió a partir de la entrada en la guerra un momento único de desarrollo económico que transformaría la realidad del país en poco tiempo. Y es que el país entró en una época de industrialización que en los esfuerzos de guerra era muy necesaria para proveer a Estados Unidos y los aliados de recursos. “Fue un momento crucial para la historia del siglo XX mexicano, porque se acelera tu industrialización por las necesidades de la guerra”, explica Carrillo-Reveles.El presidente Manuel Ávila Camacho encontró una punto de apoyo importante para negociar con EE.UU. al ser México un país estratégico en la región. “Entran muchísimas divisas que ayudan a que el país tenga un despegue”, añade. Además, comenzó el programa “Braceros” que permitió a decenas de miles de mexicanos trabajar legalmente en Estados Unidos, lo que dio pie a la primera gran migración a ese país. “Se van a trabajar no solo en los campos agrícolas, sino también en los ferrocarriles, en la industria”. Estados Unidos no podía permitirse que el país vecino cayera en el bando contrario, por lo que le dedicó buena parte de su atención. “Probablemente hubo cierta dosis de presión norteamericana para entrar [en la guerra]. Pero lo que no deja de llamar la atención es cómo estos políticos mexicanos aprovechan ese contexto para lanzar económicamente a México, que va a irse consolidando en los siguientes años”, señala Valdez. En los siguientes 20 años, México vivió un crecimiento económico notable que llegó a llamarse el “milagro mexicano”.Estados Unidos dio la bienvenida a miles de trabajadores mexicanos durante la Segunda Guerra Mundial. Antes de la guerra, “a México lo siguen viendo en el contexto internacional como un país de sombreros y pistolas”, dice Valdez. La vieja enemistad Más allá de los acuerdos políticos, entrar en la guerra no era algo popular para el pueblo mexicano. Una encuesta, de las primeras que hubo en el país, explica Carrillo-Reveles, mostraba que cerca del 70% de los mexicanos no apoyaba el que México participara en la Segunda Guerra Mundial. Y acompañar a Estados Unidos en un esfuerzo bélico era igual de impopular. En la década de 1930 se cumplió un siglo de la anexión de Texas por parte de EE.UU. y estaba por llegar el centenario de la guerra con Estados Unidos en la que México perdió la mitad de su territorio (1848). “Había un sentimiento histórico antiestadounidense muy fuerte, y también antibritánico, porque hay que recordar que después de la expropiación petrolera de 1938, Inglaterra rompe relaciones con México”, señala Carrillo-Reveles.Además, el gobierno mexicano enfrentaba inestabilidad política, tanto por los grupos opositores de los sectores de la izquierda, incluidos los comunistas, como de los derechistas, con grupos alineados a la ideología fascista. La guerra, sin embargo, fue aprovechada por el gobierno para cerrar flancos: “Surge la oportunidad de transformar el discurso de enfrentamiento político que provoca el cardenismo [del gobierno de Lázaro Cárdenas, 1934-1940] en una política de unidad nacional para los mexicanos”, indica Carrillo-Reveles. Y hubo una muy intensa campaña de propaganda gubernamental -apoyada desde EE.UU., advierte Valdez- para convencer a los mexicanos de las razones de estar con los aliados. “No hay secretaría de Estado mexicana que no haya impreso un cartel donde la bandera mexicana y la norteamericana aparezcan juntas. Pero no necesariamente creo que se haya diluido ese sentimiento en contra de Estados Unidos”, explica el historiador. El Escuadrón 201 en batalla Pese a las limitadas posibilidades de México, el gobierno envió un contingente fuera de su territorio: el Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Mexicana. Acompañó a la 5ª Fuerza Aérea de EE.UU. en su campaña contra el imperio japonés en Filipinas.El expresidente Lázaro Cárdenas, una figura fuerte del nacionalismo, sirvió para que el gobierno tuviera respaldo popular a la guerra. A pesar de la desconfianza de la contraparte estadounidense, los pilotos mexicanos ejecutaron ataques en picada peligrosos en julio de 1945 en los alrededores de Manila. Su participación se dio a solo unas semanas de que se produjeran los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki que pusieron fin al conflicto en Asia. “Fue una contribución mexicana en la medida de sus posibilidades”, explica Valdez. “Ellos entraron en acción de guerra, iban a combatir a los japoneses, tuvieron entusiasmo, tuvieron miedo, Estuvieron en guerra porque México estaba en guerra”, dice el historiador ante la concepción que se creó años después de que la participación mexicana fue simbólica. Aquellos pilotos mexicanos no tenían idea de que estaba por terminar la guerra del Pacífico con una operación altamente secreta para lanzar bombas atómicas.México participó en la campaña que encabezaba Estados Unidos en el Pacífico, en países como Filipinas. Pero más allá de lo que hizo el Escuadrón 201, Carrillo-Reveles destaca cómo México tuvo una contribución importante en la victoria de los aliados a través de todo el apoyo de fuerza laboral e industrial a Estados Unidos. “Contribuyen de manera muy importante a que la economía de Estados Unidos no pare y que pueda mantener incluso a flote a una Europa que está colapsada completamente”, señala. Por mucho tiempo circularon versiones sin sustento, señalan los historiadores, de que Estados Unidos fue el que hundió al Potrero del Llano y el Faja de Oro. “Hoy no hay absolutamente ninguna evidencia de que haya sido Estados Unidos”, apunta Valdez. En cambio, el tiempo mostraría que la guerra fue un momento transformador para México: “Y si se piensa, todo esto es producido por el hundimiento de un barco”.