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Nuevo vínculo México-Japón contra el calentamiento global

Profesores-investigadores, CUCEA; Miembros del Programa de Estudios México-Japón: PROMEJ, e integrantes del Cuerpo Académico “Tratados económicos internacionales y desarrollo regional»: UDG-CA-825

En la actualidad vivimos cambios constantes en el clima por los problemas ambientales de contaminación, deshielo de los glaciares, sequías, desaparición de especies y vegetales, que provocan el calentamiento global y afectaciones a la salud del ser humano, entre otras más.

Respecto al cambio climático, se han llevado a cabo debates y discusiones a través de la COP, Convención Marco de las Naciones Unidas, cuyo fin es estabilizar la concentración del gas con efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, y que inició en 1995.

En noviembre de 2022 se organizó la COP27. Pese a los objetivos establecidos en esta conferencia, actualmente incrementó la emisión del CO2 a nivel mundial a causa de: a) la reactivación de actividades económicas tras la pandemia del Covid 19, y b) por el impacto de la guerra Ucrania-Rusia que generó la falta de energía, lo cual ha implicado un regreso al uso de combustibles fósiles. De tal manera, que la tendencia mundial va en contra de las medidas preventivas frente al calentamiento global.

Aunque hubo voces de preocupación de no llegar a ningún acuerdo en la COP27, se adoptó finalmente el «Plan de implementación de Sharm el-Sheikh«, el cual incluyó la creación de un fondo para apoyar a países en desarrollo vulnerables contra el cambio climático. El uso del propio fondo se discutirá en la COP28 de 2023.

El mismo plan reitera la promesa plasmada en el Acuerdo de Glasgow, adoptado en la COP26 en 2021, que pretende limitar el aumento de la temperatura media global a 1.5°C por encima de los niveles preindustriales, y además incluye la promoción de la generación de energía limpia y la eficiencia energética, la eliminación gradual de la generación de energía a base de carbón y la aceleración para eliminar gradualmente los subsidios a los combustibles fósiles.

Pese a este acuerdo, se afirma que las medidas de mitigación para frenar el calentamiento global, como la reducción de la emisión del GEI y el apoyo financiero a los países emergentes, han sido insuficientes, y faltan acciones específicas para la reducción de los combustibles fósiles.

Al respecto, en la COP27, México, mediante la Secretaría de Relaciones Exteriores, anunció un aumento de la meta de reducción de emisiones del GEI de 22% a 35% para 2030, 5% más de lo que anunció la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, introduciendo, por ejemplo, el transporte con bajas emisiones y la generación de energías con baja huella de carbono. En concreto, pretende promover la electromovilidad retomando el Acuerdo de Glasgow. Si bien, según IMCO, para cumplir con estas metas para realizar acciones de cero emisiones en el sector transporte, se requiere que el 50% de los vehículos vendidos sean de cero emisiones: tienen que vender 600 mil vehículos eléctricos al año al menos, contra 47 mil vehículos ligeros híbridos y eléctricos vendidos durante 2021. Será sumamente complicado para alcanzar en los 7 años restantes sin que se implemente o incentiven la inversión relativa.

Aquí, lo primordial es que cada país comparta un sentido de crisis sobre el cambio climático y mantenga y fortalezca la cooperación internacional. Particularmente, los países desarrollados deben fortalecer el apoyo a los países emergentes y establecer objetivos más ambiciosos para ellos mismos, desde la perspectiva de promover los esfuerzos de los países emergentes que son esenciales para la descarbonización.

Dentro de este lineamiento, como una de las medidas de mitigación específicas, se deberá profundizar las discusiones sobre la reducción de los vehículos de gasolina y de energía a carbón con una guía de la hoja de ruta realista para la descarbonización.

Cabe resaltar que es relevante brindar apoyo relacionado con el clima, sino en mejorar el entorno empresarial, incluidos los sistemas legales y reglamentarios básicos.

Al respecto, cabe recordar que la COP 26 estableció una regulación clara sobre el mercado de bonos de carbono. Estos bonos, regidos por el mecanismo del mercado, son esquemas en los cuales los países desarrollados dividen la proporción que logre reducir la emisión del GEI con aquellos en desarrollo en donde se lleva a cabo dicha reducción real. Si los respectivos países pudieran intercambiar la porción de la reducción, el costo podría bajarse a nivel internacional.

Este esquema de bonos de carbono (plasmado en el art. 6 del Acuerdo de París) es impulsado activamente por Japón introduciendo el “mecanismo de acreditación conjunta”. Para finales del 2021, se implementó el mismo mecanismo en 205 operaciones con 17 países de Asia. En un documento del Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón se menciona que México es el primer y único país de América Latina con el que Japón puede impulsar este mecanismo.

El vínculo México-Japón se ha fortalecido por el Acuerdo de Asociación Económica vigente desde 2005. En el presente siglo, Japón es el 4° inversionista para México después de EU, Canadá y España. El 2023 será el aniversario de 135 años de la relación diplomática de ambas naciones. Será el momento de crear un nuevo vínculo, no sólo económico sino también social. La cooperación en temas específicos como el calentamiento global será una forma de abrir una nueva ruta en la relación entre México y Japón.

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Cultural

Los ataques de la Alemania nazi que llevaron a México a entrar en la Segunda Guerra Mundial hace 80 años (y el momento transformador que generó para el país)Pero el suceso a la postre también representaría un parteaguas de una época transformadora para la sociedad y economía mexicana. “Si algo cambió la cara de México en el siglo XX, fue la entrada a la Segunda Guerra Mundial”, le dice a BBC Mundo el historiador César Valdez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Y es que el hundimiento del Potrero del Llano -y otro buque más, el Faja de Oro, siete días después- llevaron al México de la preguerra, con un desarrollo lento, a industrializarse y sentar las bases de lo que hoy es un vigoroso intercambio económico con Estados Unidos. Una potencia con la que comparte frontera y que hasta ese entonces despertaba un gran sentimiento de antagonismo entre los mexicanos de la época. Los hundimientos México, al igual que muchos países de América Latina, se habían mantenido al margen de la Segunda Guerra Mundial desde que estalló el conflicto en septiembre de 1939. La postura entre los países de América Latina era de no intervención, aunque muchos gobiernos -entre ellos el mexicano- sí condenaron las invasiones de la Alemania nazi.La Alemania nazi de Adolf Hitler no mostró un plan claro para incluir a México en su bando, pero hubo algunos intentos de inteligencia. Pero el ataque de Japón a la base estadounidense de Pearl Harbor, en diciembre de 1941, cambió las cosas. Estados Unidos entró en la guerra y los países del continente comenzaron a enfrentar presiones para definirse. México, siendo el país a las puertas del territorio estadounidense, estaba en una posición compleja. “Estados Unidos hace un montón de informes de inteligencia y se los manda a México. Había nombres de empresarios, de políticos, de descendientes de alemanes”, señala Valdez. En esas circunstancias se dio el hundimiento de los buques petroleros mexicanos por parte de submarinos alemanes que ya tenían presencia en aguas cercanas a los países de América. El Faja de Oro sufrió una suerte similar al Potrero del Llano: el 20 de mayo, un submarino alemán U-106 hundió al barco en el estrecho de Florida y murieron 9 de los 37 tripulantes. “El hundimiento de los barcos mexicanos no es un caso aislado”, le explica a BBC Mundo el historiador Veremundo Carrillo-Reveles, del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). “Hay toda una estrategia por parte del ejército alemán por tratar de cortar todos los suministros que se están enviando, de petróleo y de otros productos básicos, hacia Inglaterra”, añade.Barcos de Argentina, Brasil, Cuba, Colombia y Venezuela también fueron hundidos en el Atlántico. La declaración de guerra Ante la nula respuesta alemana a la exigencia de compensación por parte de México, el gobierno de Manuel Ávila Camacho pidió al Congreso una declaración de guerra. “Se declara que, a partir del día 22 de mayo de 1942, existe un estado de guerra entre los Estados Unidos Mexicanos y Alemania, Italia y Japón”, establecía el documento. “El 13 de mayo el ataque vino. No decidido y franco, sino desleal, embozado y cobarde, asestado entre las tinieblas y con la confianza absoluta en la impunidad. Una semana más tarde se repitió el atentado frente a esta reiterada agresión, que vulnera todas las normas del derecho de gentes y que implica un ultraje sangriento para nuestra patria”, le dijo el presidente Ávila Camacho a la nación.En los hechos, el país no esperaba ni tenía capacidad de enviar una fuerza militar al frentede batalla en Europa, Asia o los océanos, pues el ejército mexicano en realidad era muy limitado. Había unos 50.000 efectivos que no conformaban brigadas ni divisiones, y la aviación contaba con solo 25 aviones, por lo que no había posibilidades de abrir una ofensiva. La defensa del país era igual de limitada. “El país no tenía fuerza antiaérea para repeler cualquier ataque del Pacífico”, señala Valdez, pues la principal preocupación del momento era la llegada de Japón a las costas mexicanas. Si bien para EE.UU. era bueno contar con México entre los aliados, la endeble posición militar del país se convirtió en una situación de cuidado.La declaracón de estado de guerra de México se conserva en el Archivo General de la Nación de México. “Para Estados Unidos esto es terrible, porque desconfían plenamente del gobierno mexicano y de su ejército. Entonces lo primero que comienzan a hacer es a sugerirle a México que transforme determinados rasgos de sus fuerzas armadas”, explica Valdez. A través de la Ley de Préstamos y Arrendamientos, EE.UU. empezó a ofrecer recursos económicos, provisiones militares y asistencia técnica para reforzar la posición de México. “México modifica totalmente su sistema de defensa, creando tres comandos: Pacífico, Golfo e Istmo. Teníamos cubierta la posible invasión japonesa por el Pacífico, resguardando el petróleo en el golfo de México, y el Istmo por la posible entrada por Centroamérica”, explica Valdez. Una lanzadera de desarrollo Además del mejoramiento militar, México vivió a partir de la entrada en la guerra un momento único de desarrollo económico que transformaría la realidad del país en poco tiempo. Y es que el país entró en una época de industrialización que en los esfuerzos de guerra era muy necesaria para proveer a Estados Unidos y los aliados de recursos. “Fue un momento crucial para la historia del siglo XX mexicano, porque se acelera tu industrialización por las necesidades de la guerra”, explica Carrillo-Reveles.El presidente Manuel Ávila Camacho encontró una punto de apoyo importante para negociar con EE.UU. al ser México un país estratégico en la región. “Entran muchísimas divisas que ayudan a que el país tenga un despegue”, añade. Además, comenzó el programa “Braceros” que permitió a decenas de miles de mexicanos trabajar legalmente en Estados Unidos, lo que dio pie a la primera gran migración a ese país. “Se van a trabajar no solo en los campos agrícolas, sino también en los ferrocarriles, en la industria”. Estados Unidos no podía permitirse que el país vecino cayera en el bando contrario, por lo que le dedicó buena parte de su atención. “Probablemente hubo cierta dosis de presión norteamericana para entrar [en la guerra]. Pero lo que no deja de llamar la atención es cómo estos políticos mexicanos aprovechan ese contexto para lanzar económicamente a México, que va a irse consolidando en los siguientes años”, señala Valdez. En los siguientes 20 años, México vivió un crecimiento económico notable que llegó a llamarse el “milagro mexicano”.Estados Unidos dio la bienvenida a miles de trabajadores mexicanos durante la Segunda Guerra Mundial. Antes de la guerra, “a México lo siguen viendo en el contexto internacional como un país de sombreros y pistolas”, dice Valdez. La vieja enemistad Más allá de los acuerdos políticos, entrar en la guerra no era algo popular para el pueblo mexicano. Una encuesta, de las primeras que hubo en el país, explica Carrillo-Reveles, mostraba que cerca del 70% de los mexicanos no apoyaba el que México participara en la Segunda Guerra Mundial. Y acompañar a Estados Unidos en un esfuerzo bélico era igual de impopular. En la década de 1930 se cumplió un siglo de la anexión de Texas por parte de EE.UU. y estaba por llegar el centenario de la guerra con Estados Unidos en la que México perdió la mitad de su territorio (1848). “Había un sentimiento histórico antiestadounidense muy fuerte, y también antibritánico, porque hay que recordar que después de la expropiación petrolera de 1938, Inglaterra rompe relaciones con México”, señala Carrillo-Reveles.Además, el gobierno mexicano enfrentaba inestabilidad política, tanto por los grupos opositores de los sectores de la izquierda, incluidos los comunistas, como de los derechistas, con grupos alineados a la ideología fascista. La guerra, sin embargo, fue aprovechada por el gobierno para cerrar flancos: “Surge la oportunidad de transformar el discurso de enfrentamiento político que provoca el cardenismo [del gobierno de Lázaro Cárdenas, 1934-1940] en una política de unidad nacional para los mexicanos”, indica Carrillo-Reveles. Y hubo una muy intensa campaña de propaganda gubernamental -apoyada desde EE.UU., advierte Valdez- para convencer a los mexicanos de las razones de estar con los aliados. “No hay secretaría de Estado mexicana que no haya impreso un cartel donde la bandera mexicana y la norteamericana aparezcan juntas. Pero no necesariamente creo que se haya diluido ese sentimiento en contra de Estados Unidos”, explica el historiador. El Escuadrón 201 en batalla Pese a las limitadas posibilidades de México, el gobierno envió un contingente fuera de su territorio: el Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Mexicana. Acompañó a la 5ª Fuerza Aérea de EE.UU. en su campaña contra el imperio japonés en Filipinas.El expresidente Lázaro Cárdenas, una figura fuerte del nacionalismo, sirvió para que el gobierno tuviera respaldo popular a la guerra. A pesar de la desconfianza de la contraparte estadounidense, los pilotos mexicanos ejecutaron ataques en picada peligrosos en julio de 1945 en los alrededores de Manila. Su participación se dio a solo unas semanas de que se produjeran los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki que pusieron fin al conflicto en Asia. “Fue una contribución mexicana en la medida de sus posibilidades”, explica Valdez. “Ellos entraron en acción de guerra, iban a combatir a los japoneses, tuvieron entusiasmo, tuvieron miedo, Estuvieron en guerra porque México estaba en guerra”, dice el historiador ante la concepción que se creó años después de que la participación mexicana fue simbólica. Aquellos pilotos mexicanos no tenían idea de que estaba por terminar la guerra del Pacífico con una operación altamente secreta para lanzar bombas atómicas.México participó en la campaña que encabezaba Estados Unidos en el Pacífico, en países como Filipinas. Pero más allá de lo que hizo el Escuadrón 201, Carrillo-Reveles destaca cómo México tuvo una contribución importante en la victoria de los aliados a través de todo el apoyo de fuerza laboral e industrial a Estados Unidos. “Contribuyen de manera muy importante a que la economía de Estados Unidos no pare y que pueda mantener incluso a flote a una Europa que está colapsada completamente”, señala. Por mucho tiempo circularon versiones sin sustento, señalan los historiadores, de que Estados Unidos fue el que hundió al Potrero del Llano y el Faja de Oro. “Hoy no hay absolutamente ninguna evidencia de que haya sido Estados Unidos”, apunta Valdez. En cambio, el tiempo mostraría que la guerra fue un momento transformador para México: “Y si se piensa, todo esto es producido por el hundimiento de un barco”.